Un amigo y yo recogimos dos pajaritos preciosos y nos llevaron a su piso. Entré en la habitación con mi pajarito y empezó a desvestirse. Estaba tan borracho que me quedé allí parado, preguntándome cómo desnudarme sin soltar el premio. Fui a sentarme en la cama, me equivoqué por un metro y medio y acabé tirado en el suelo. Recuerdo que el pajarito me miró y dijo: «¡Menudo jugador del año!». Entonces me quedé dormido. Me desperté todavía con el premio en la mano y salí tambaleándome del piso. No tenía ni idea de dónde estaba.
- George Best