Ayudé a una mujer de sesenta y cinco años a salir de la maldita máquina que le acababa de arrancar cuatro dedos de la mano, y aún oigo sus gritos: "¡Jesús y María, no podré volver a trabajar!". La fábrica. ¡Viva la fábrica! Hoy, mientras se construyen nuevas fábricas, la civilización que convirtió la fábrica en una catedral agoniza. Y en algún lugar, ahora mismo, otros jóvenes conducen en la noche hacia el corazón de la emergente civilización de la Tercera Ola. Nuestra tarea a partir de ahora será unirnos, por así decirlo, a su búsqueda del mañana.

- Alvin Toffler