Ningún gobierno tiene derecho a decidir sobre la verdad de los principios científicos ni a prescribir en modo alguno el carácter de las cuestiones investigadas. Tampoco puede determinar el valor estético de las creaciones artísticas ni limitar las formas de alfabetización o expresión artística. Tampoco debe pronunciarse sobre la validez de doctrinas económicas, históricas, religiosas o filosóficas. En cambio, tiene el deber hacia sus ciudadanos de mantener la libertad y de permitir que estos contribuyan al progreso y al desarrollo de la humanidad.

- Richard P. Feynman