La fortuna es como el cristal: cuanto más brillante es, más fácilmente se rompe.
De los errores ajenos, el sabio corrige los suyos.
A menudo me arrepiento de haber hablado; nunca que me haya callado.
Cuídate de que nadie te odie con razón.
Nadie sabe lo que puede hacer hasta que lo intenta.
Quien rueda no cría musgo.