Ni los ignorantes y desinformados de la verdad, ni tampoco aquellos que nunca terminan su educación, serán ministros capaces de Estado; ni los primeros, porque no tienen un fin único, el del deber, que sea la regla de todas sus acciones, tanto privadas como públicas; ni los últimos, porque no actuarán en absoluto excepto por compulsión, creyendo que ya viven apartados en las islas de los bienaventurados.
- Plato