Cuando elegimos la vocación en la que más podemos contribuir a la humanidad, las cargas no pueden doblegarnos, pues son solo sacrificios por el bien común. Entonces no experimentamos una alegría mezquina, limitada y egoísta, sino que nuestra felicidad pertenece a millones, nuestras obras perduran silenciosamente pero con eterna eficacia, y lágrimas de nobles caerán sobre nuestras cenizas.

- Karl Marx