Al día siguiente, el horizonte estaba cubierto de nubes: una cortina espesa e impenetrable entre la tierra y el cielo, que desgraciadamente se extendía hasta las Montañas Rocosas. ¡Fue una fatalidad!
- Jules VerneAl día siguiente, el horizonte estaba cubierto de nubes: una cortina espesa e impenetrable entre la tierra y el cielo, que desgraciadamente se extendía hasta las Montañas Rocosas. ¡Fue una fatalidad!
- Jules Verne