Al silenciar el mal, al enterrarlo tan profundamente en nosotros que no deja rastro alguno, lo estamos implantando, y se multiplicará en el futuro. Cuando no castigamos ni reprochamos a los malhechores, no solo protegemos su trivial vejez, sino que, con ello, estamos destruyendo los cimientos de la justicia bajo las nuevas generaciones.
- Aleksandr Solzhenitsyn