En realidad soy una gata transformada en mujer.
Cualquier época puede ser encantadora, siempre que vivas en ella.
Vadim fue mi maestro y mi esposo. Me puse completamente en sus manos.
No soy madre y no lo seré.
Es mejor ser infiel que fiel sin querer serlo.
Tengo 30 años, pero hay cosas en mí que todavía son de 15.
Es triste envejecer, pero agradable madurar.